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a spoonful of sugar — Elizabeth

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a spoonful of sugar — Elizabeth

Mensaje por Natšya E. Mirković el Jue Feb 26, 2015 11:13 pm




a spoonful of sugar
helps the medicine go down


El característico aroma a galletas recién horneadas todavía flotaba en la cocina y, aunque mantenía las ventanas abiertas, Natšya sabía que no se iría pronto. Personalmente le agradaba. Le recordaba en cierta forma a su casa, las tardes en las que su madre decidía hornear galletas y dejarlas sobre la mesada para que se enfriaran. Ella se escabullía entre las sillas y trataba de robar algunas antes de que su progenitora se las llevara a fiestas de té u otras reuniones con amigas. Nunca horneaba galletas para ella ni para sus hermanos por lo cual el hecho de hacerlas con Brooklyn y algo de ayuda del pequeño Ridge le daba una sensación cálida y agradable en el estómago. — Nat, ¿ya puedo ponerles el glaseado encima? —la voz de la pequeña llamó su atención mientras terminaba de lavar algunos trastos que habían ensuciado en el proceso de la receta. — ¿Ya se enfriaron bastante, Brook? —contestó mirando por encima del hombro para asegurarse de que la pequeña no estaba cerca de la bandeja caliente o sobre alguna silla alta de la barra. No quería que cayera y se lastimara, o que terminara con una ampolla por quemadura. Lo que menos necesitaba era tener a Elizabeth en su contra. — Ya no les sale humo —secó sus manos con un trapo de cocina y cruzó la habitación hacia la niña observando las galletas y tocando una con el dorso de su mano. — Están perfectas, puedes ponerle el glaseado. Recuerda no echarle demasiado o sino van a pegarse —advirtió con una sonrisa sentándose frente a la niña, admirándola en su rol de cocinera.

Sabía que se encontraba cuidando a Brooklyn y Ridge por cuenta propia. Elizabeth la había contactado y necesitaba a una niñera. Ella no pudo negarse por el simple hecho de que adora a los niños pero en el fondo sabía que otra parte de sí misma la empujaba a hacer buena letra para sus padres. Demostrarles que era capaz. Que Elizabeth fuera y les dijera buenas cosas de ella. Que sus padres se sintieran orgullosos. Siempre regresaba a ese lugar en el cual era una pequeña niña en el secundario que sacaba puros sobresalientes para que su padre pegara sus exámenes en la puerta del refrigerador y su madre presumiera de su inteligencia con sus amigas del té. Necesitaba la aprobación de sus padres, nunca consiguió independizarse del todo y se odiaba a sí misma por ello. — Nat, Nat, Nat —la vocecita cantarina del pequeño Ridge la sacó de su ensoñación y estiró los brazos hacia él levantándolo y sentándolo sobre su regazo frente a las galletas. — Ridgy, Ridgy, Ridgy —contestó en el mismo tono, divertida. — ¿Puedo comer una galletita? Por favor, porfa, porfa, pooooooorfa —le pidió juntando sus manos y mirándola con ojos de cachorro. La rubia soltó una risa y estaba a punto de responder cuando se oyó la puerta de entrada y ambos niños corrieron hacia allá para recibir a su madre.

Natšya rodeó la barra y terminó de ponerle el glaseado a las galletas que faltaban terminando justo para cuando los dos niños pegados a su madre aparecían en la entrada de la cocina. — Buenos días, Elizabeth —saludó con educación y una sonrisa amable mientras se encargaba de pasar las galletas de la bandeja de metal a un plato, dejándolas sobre el mármol justo cuando Brooklyn y Ridge se acercaron para tomar unas cuantas—. Eh, niños. Despacio, se pueden atragantar. Coman de a una, les prometo que las galletas no saldrán corriendo —bromeó mirándolos con ternura y cariño. No era el primer día que los cuidaba y ya sentía un gran aprecio por los pequeños diablos—. ¿Cómo ha estado el día, Liz? ¿Todo en orden en la agitada vida de mujer de ley? —preguntó mirando a la castaña con curiosidad y tal vez una pizca de admiración. La seguridad y autoridad que Elizabeth irradiaba conseguía hacer que Natšya se sintiera insignificante. Sabía que ella no era nada parecida. No tenía ni la mitad de seguridad que Elizabeth, y ponía sus manos al fuego al afirmar que no sería capaz de lidiar con el trabajo de Liz ni siquiera dos horas sin colapsar. No podía evitar verla como una hermana mayor y a ella también le había tomado cierto aprecio con el pasar del tiempo.


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Re: a spoonful of sugar — Elizabeth

Mensaje por Elizabeth I. Lavrov el Vie Feb 27, 2015 12:40 pm




A spoonful of sugar
Helps the medicine go down


Solo era necesario poner un pie dentro de la casa como para sentir esa pequeña cuota de satisfacción de una larga jornada de trabajo. El sol que atravesaba el fino cristal en conjunto con la baja temperatura de la noche hacia que mis mejillas se entumecieran por completo. Teníamos suerte de tener una gran variedad climática en la zona, puesto que al estar tan cerca del océano teniamos mañanas calurosas y noches heladas. Hoy, estaba mucho más cansada que de costumbre. Desde un principio sabía que no sería fácil tomar el puesto, sin embargo mi padre me había instruido por muchos años como para dar el brazo a torcer. La oficina donde hoy en día trabajado, no solo le había pertenecido a mi padre, sino también a mi abuelo, por lo que era todo un orgullo familiar. Deje escapar un leve suspiro de la comisura de mis labios mientras estacionaba el auto en la entrada de la inmensa casa y mordisqueaba mi labio inferior. Ánimo Elizabeth, ya termino el día.

Introduje la llave en la cerradura y deje mis tacones a un lado para no dañar la alfombra. Quizá lo teníamos inculcado como un ritual... pero prácticamente nunca estábamos con los zapatos dentro de la casa.  Pude percibir de manera instantánea ese delicado aroma de galletas orneadas y glaseado. Sabía que una de las actividades predilectas de mis pequeños incluía las clases de pastelería de la preciosa Natsya y verdaderamente a mi también me gustaban, le añadía a la casa todo un clima hogareño. Embocé una gran sonrisa mientras vi a mis hijos corriendo hacia mi dirección y sin pensar siquiera que aún llevaba mi traje de Chanel me lancé sobre ellos para poder llenar sus delicadas mejillas de besos. — ¿Cómo están los niños más hermosos de todo Europa? — Murmuré entre pequeñas risitas que solo llenaban mi duro corazón de amor y ternura. — Mami, mami, mami... Nat hizo galletas para nosotros y mi estomaguito no deja de sonar. — Deje escapar una gran carcajada ante su emoción y me paré una vez más para poder dirigirnos los tres en dirección hacia la cocina. — Entonces... será mejor que vayamos a probarlas ¿verdad? — Interrogue con mi voz llena de dulzura y di pequeñas palmaditas sobre sus espaldas para que comenzaran a caminar obedientes.

Recibi con la misma amabilidad a la muchacha que se encontraba parada frente a la barra. La estreche entre mis brazos con muchísimo cuidado y le brinde una sonrisa genuina, de las que todos sabían que había muy pocas. La mayoría de las personas que convivían a diario conmigo sabían que me reservada esta faceta dulce solo con mis allegados, de lo contrario podía ser la reencarnación del demonio. — ¡Hola bonita! ¿Como estás? — Verdaderamente ella era como una hermana menor para mí. Nos habíamos criado juntas, con padres que tenían los mismos ideales y convicciones. Mi hermana de sangre rondaba su edad y era simplemente inevitable no acarrear un conjunto de recuerdos. Pesé a que ella no necesitaba en absoluto el dinero, siempre me hacía el gran favor de cuidar a los niños. Y sinceramente lo prefería de esa manera... no tenía confianza con los habitantes de esa diminuta ciudad. — ¿Como se han portado? — Interrogue con algo de gracia mientras me alejaba apenas un poco de su cuerpo, tomando asiento en una de las butacas ubicadas estrategicamente para tomar el desayuno. — La verdad es que ha sido un día pesado. Pesé a que las discusiones suelen ser siempre las mismas, no hay propuestas diferentes. Necesitaríamos un padre como el tuyo en el equipo como para solucionar todo. — Contesté espontáneamente mientras le daba un pequeño guiño en forma de complicidad. Verdaderamente la opinión de su padre siempre había tenido peso, gracias a su gran poder y la dificultad de cambiar su postura. A ninguna de nosotras jamás nos había gustado hablar demasiado acerca de los problemas políticos del lugar, habíamos estado sumergidos en ellos desde pequeños ¿Cuál era la gracia de llevarlos a casa?




Última edición por Elizabeth I. Lavrov el Lun Mar 09, 2015 8:29 pm, editado 1 vez


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Re: a spoonful of sugar — Elizabeth

Mensaje por Natšya E. Mirković el Miér Mar 04, 2015 8:17 pm




a spoonful of sugar
helps the medicine go down


Cuando venías de una familia en la cual no se sabía para nada lo que las demostraciones de afecto eran, un abrazo era una caricia para el alma. Y Natsya agradecía cada vez que alguien conseguía acariciarle el alma de la forma que fuera así como también le gustaba hacerlo con el resto de sus allegados. A excepción de sus padres, claro. Por siempre estaría grabada en su memoria la vez que recibió a su padre con un abrazo luego de que llegara del trabajo y él simplemente la hizo a un lado para continuar hablando por teléfono. Se sintió herida y poco querida. Al día siguiente lo intentó con su madre y esta apenas le devolvió el gesto antes de continuar con lo que sea que estaba leyendo. Fue suficiente para que Natsya se diera cuenta de cómo eran las cosas. En su familia el afecto no existía y las palabras de cariño mucho menos. Sin embargo el suyo permaneció intacto durante los años sin importar que sus padres la despreciaran una y otra vez. Tenía en mente guardar todo ese amor que cargaba para personas en el futuro que sí lo quisieran y lo merecieran. Y Elizabeth junto con sus niños se habían convertido en parte de ellas. — Tus niños son unos santos, Liz. Ya lo sabes. Creo que lo más malo que me han hecho desde que los cuido es esconderse de mí mientras les preparaba el almuerzo —contó con una sonrisa divertida y despreocupada. Todavía podía recordar con claridad como le había latido el corazón cuando recorrió la casa en su totalidad y no los encontró. Sus ojos se habían aguado y estaba por tener una crisis nerviosa para cuando aparecieron y la asustaron por detrás. Nunca se había sentido tan aliviada de ser asustada en toda su vida.

Se sentó frente a la castaña y juntó sus manos sobre la mesada de mármol escuchándola con atención. Le sorprendía la pasión que Elizabeth demostraba por la política. Ambas eran parecidas con respecto a su historia familiar. Política era el único tema que se hablaba en casa y se sentía intrigada por lo distintas que eran con respecto a sus personalidades a lo que habían decidido dedicarse. — Ni siquiera se lo menciones porque va a intentar meterse en sus reuniones cueste lo que cueste si tan sólo le hablas de ello —contestó poniendo los ojos en blanco, dejando en claro su opinión al respecto—. Ya lo solucionarán todo. Con una mujer como tú estoy segura de que conseguirán solucionar lo que sea que haga falta. Eres muy inteligente —comentó sin una pizca de vergüenza o duda en su voz. Le agradaba hacerle cumplidos a la gente. Le gustaba sentir esa satisfacción que te da al ver la sonrisa que causas en alguien más. Hacer sonreír a los demás, o al menos intentarlo, era una de sus cosas favoritas—. Y, ¿qué haces que todavía no has probado mis galletas? Anda, tienen buena pinta. Estos enanos me ayudaron con la masa y Brooklyn les puso el glaseado ella sola —animó a la castaña a probarlas porque sabía que eso pondría felices a sus hijos. No podía evitar verse reflejada en Brooklyn, sólo que ella tenía la suerte de tener una madre que sí tenía un corazón. — ¡Si, esta es para ti, mami! —exclamó la pequeña pasándole a su madre una galleta en la cual se leía "mamá" escrito con glaseado. La rubia hizo pucheros y se cruzó de brazos fingiendo estar molesta. — ¿Y no has hecho una personalizada para mí? Y yo que te dejé ayudarme —fingió un sollozo y casi se derrite al momento en el cual la niña le entrega una galleta donde se leía "Nat". Sin duda esos niños eran maravillosos—. Oh Brooky, gracias cielo —agradeció sonriente y luego miró a Elizabeth—. Anda, pruébalas tú primero —.


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Re: a spoonful of sugar — Elizabeth

Mensaje por Elizabeth I. Lavrov el Lun Mar 09, 2015 8:47 pm




A spoonful of sugar
Helps the medicine go down


Bueno, eso suena como una obra del pequeño Ridge. —  Admití un tanto avergonzada mientras mi cabeza se inundaba de unas cuantas imágenes que habían ocurrido unos cuantos meses atrás. Luego de investigar acerca de los corales y los paseos nocturnos en los mares, los niños estaban más emocionadas de lo que acostumbraban cada vez que salíamos del país. Edward creyó oportuno inscribirnos en algunos cursos... y de hecho a mí me habían encantado por completo. Lo fue por lo menos hasta el día que Brooklyn creyó divertido inspeccionar adentro de una gran piedra en forma de cueva, donde podías observar como los peces salían de un lado a otro. Quizá no era demasiado unos ¿cuatro o cinco metros? La verdad era que la piedra no era tan angosta como todos pensábamos y mi pequeña se quedo atorada en el interior por aproximadamente unos veinte minutos. Era fácil sentir como mi corazón se comprimía de momento ante la desesperación de perderla por completo.
La observé a la distancia y deje escapar una pequeña sonrisa de la comisura de mis labios. Verdaderamente ellos eran lo mejor que habían pasado por toda mi vida.

Oh vamos, no podría ser tan malo... sabes que es un hombre muy ingenioso —  Bromee mientras dejaba una pequeña caricia sobre el brazo de la rubia, que si por algo la conocía era por rehusarse a admitir la capacidad de su padre dentro de las oficinas. Aunque no era para menos, quizá no había sido el hombre más considerado del mundo y mi padre lo tenía como un pilar para sus opuestos. Jamás nos dejaba utilizar nuestros celulares en los domingos familiares y una vez que estabamos dentro de la casa debíamos respetar a los demás, aunque hayamos tenído uno de los peores días en el universo... los problemas debían de quedar afuera.

Fruncí mi nariz en una pequeña sonrisa mientras veía las galletas que Nat junto a los niños habían decorado. La verdad es que jamás había tenido demasiadas habilidades dentro del campo culinario, por lo que me abstenía de cualquier cosa que involucrara harina y un horno. Tomé la galleta que mi pequeña me ofrecía en brazos mientras dejaba escapar una pequeña carcajada. — Vaya... tengo a todos un chef en casa— Acerqué el dulce en dirección hacia el de la rubia y ejercí un pequeño choque con suavidad, como si se tratara de una copa de los vinos más finos de Croacia. — Provecho... — Murmuré con un pequeño ademan con mi cabeza en forma de cortesía y lleve la masa en dirección hacia mis labios para dar el primer mordisco. Quizá estaba un poco más melancólica de lo normal...  pero gritaba en diez idiomas distintos hogar.

Deje escapar un pequeño gemido de deleite en aprecio de lo que habían horneado y espere a terminar de procesar el alimento en mi boca para volver hablar. — De verdad que esto está completamente delicioso — Admití con mis ojos abiertos mientras miraba en dirección hacia la niñera y también hermana pequeña para mí. Relamí mi labio inferior retirando cualquier tipo de sobrante y deje pequeñas caricias sobre el estomago de Brooklyn. — ¡Nat es la mejor cocinera del mundo mami. Ella nos enseño todo. — Asentí con mi cabeza, reafirmando sus palabras y deje una pequeña caricia sobre su delicada mejilla. — Me debes pasar tus encantos— Dijo en un tono de burla mientras elevaba mis cejas de par en par.  







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