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Never trust a pretty girl. ➳ Natšya E. Mirković

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Never trust a pretty girl. ➳ Natšya E. Mirković

Mensaje por Soleil C. LeBlanc el Sáb Feb 28, 2015 1:39 am

"Hay dos tipos de mentiras: Para proteger algo o para huir de algo.", hice un bollito con el papel y lo tiré en el cesto de basura más cercano. El karma estaba pisando mis talones y haciéndome saber que muy pronto llegaría para arruinar todo, pues creía en la típica frase de "cuando todo esta bien, llega algo y lo convierte todo en mierda", mi vida tenía mil partes débiles con los cuales atacar y aún no me acostumbraba a tener una actitud despreocupada y dormir con tranquilidad. Esto no era lo que esperaba, pero sí lo que elegí. Necesitaba poder controlar mis demonios internos y saber dominar la situación. Vacilaba en muchos aspectos, me asusta y más estar tan cerca, pero era parte de mi trabajo y el peligro debería ser el condimento de cada día, lo típico y normal de siempre. Aún no entendía el fin de aquella frase que entregaban en las calles, ¿A favor o en contra? Definitivamente no tenía sentido y tal vez por esa razón sentía que tenía un especial acercamiento a mi vida, tanto que me interesaba. Rodeé los ojos y tomé mi teléfono móvil para dejarle un mensaje a Natsya: "Ya estoy cercaaaaaa!, llevó chocolates, espero que no hayas comido nada, tenemos una gran tarde de chicas por delante. XOXO". La rubia era la carnada ideal para obtener la información que necesitaba, ¿Por qué tenía que usar a una chica tierna, joven y divertida? Era hija de uno de los políticos de Dubrovnik -la ciudad con ese nombre tan dificil de pronunciar, me preguntaba quién lo había fundado, digo, debió amar las cosas complicadas.- y sospechaban que cobraba en negro, es decir, que por debajo de la mesa pasaba mucho dinero, estafador, delincuente, ¿algún otro sinónimo? Y ahí estaba yo, con una cuartada estable, con una sonrisa amable y con la típica actitud de una adolescente de clase alta, la cual tiene problemas del primer mundo, como por ejemplo qué vestido usaría la mañana siguiente.

Ya teníamos una relación estable, nos podíamos llamar buenas amigas, mejores a decir verdad. En las noches, cuando apoyaba mi cabeza en la almohada sentía una opresión mínima en el pecho pero duraba poco luego de leer nuevamente el expediente de su familia. Natsya estaba exenta de los contratos que su familia tenía por detrás de lo legal, más no podía informarlo de diferente manera. De cualquier forma eran solo especulaciones, debía conseguir pruebas y colarme un poco más en la familia: cenas familiares, cumpleaños, celebraciones. Ser la dulce adolescente que quiere lo mejor para la rubia, y así conseguir lo que me era ordenado. ¿Qué sucedería si en verdad la familia estaba en blanco? Pues por protocolo debía dejar de tener contacto con ella, olvidarla y si me encontraba en algún lugar asegurar que estaba loca y alejarme de ella, la verdad duele menos si es clara. Aclaré mi garganta y me acerqué al portero de la casa para presentarme.- Hola, soy Soleil -Sí, Nat me conocía por mi nombre, nunca preguntó más.- Traigo chocolates para Nat, ¿Me dejan pasar, por favor? -A lo siguiente esbocé una gran sonrisa y esperé que abrieran las puertas desde adentro, o por lo menos así creía que funcionaba la casa de un funcionario del gobierno, ¿no? Lleno de agentes de seguridad que no hacían más que jugar a las cartas detrás del vidrio polarizado, claro, los conocía demasiado bien. Era hora de la acción.  
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Re: Never trust a pretty girl. ➳ Natšya E. Mirković

Mensaje por Natšya E. Mirković el Lun Mar 02, 2015 5:28 pm

Nunca había tenido muchas amigas. A decir verdad, las que tenía eran contadas con los dedos de una sola mano. No era fácil hablarles a las adolescentes por las calles cuando llevas un apellido tan pesado como el de Natsya. Ella lo sabía y cada día deseaba simplemente despertar y tener otro diferente. No le habría importado nacer en el sector pobre de alguna ciudad desconocida en África. Si los niños se acercaban para jugar con ella y prestarle un hombro cuando necesitara llorar, estaba feliz. Era todo lo que quería. Todo lo que cualquier persona quiere. Tener a alguien a tu lado con quien puedas contar cuando la vida se pone dura. Y vaya que su vida se ponía durísima a menudo. Cuando las campañas políticas estaban cerca, sus padres eran fantasmas en su vida que la atormentaban en las cadenas televisivas o en la radio. Nunca la llamaban por teléfono y si los visitaba, apenas la recibían con un saludo lejano y desaparecían en el despacho o la sala de reuniones. De niña no le preocupaba demasiado el tema pero cuando creces, te conviertes en adolescente y necesitas a una madre a tu lado que te ayude a pegar tu corazón roto por un chico comienzas a sentir la ausencia. Padres no se nace, padres se hacen con el cariño y el tiempo. Y ella, a sus veinticuatro años de edad, dudaba tenerlos realmente. Ponía sus manos al fuego sin dudar al asegurar que su madre tenía marcado en el calendario cuándo era el día de su cumpleaños para no olvidarlo. Desde que Natšya se declaró a sí misma como una mujer independiente y capaz de valerse por sí misma, sus padres se olvidaron de ella. Pero que sus progenitores la hayan hecho a un lado no significaba que ella debía hacerlo también. Los amaba y no podía evitarlo.

Estaban arreglando las cañerías en su departamento por lo cual hacía una semana que se encontraba en su vieja habitación. Los recuerdos de su niñez y su infancia la perseguían a todas partes en cada rincón de la casa recordándole quién era y a dónde pertenecía. Política. En eso se basaban las conversaciones que daban lugar en la mansión Mirković. No le importaba en absoluto. Nunca le había interesado y nunca lo haría. Hacía oídos sordos a las cosas horribles que se decían de su familia y caminaba por las calles de la ciudad con la frente en alto, orgullosa de ser quién era pero no tanto como desearía. Mitad era teatro. Y lo había aprendido de la mejor actriz que podía encontrar: su madre. La reina en la familia era una actriz día y noche. Nunca ibas a verla triste o preocupada. Pintaba una sonrisa en su rostro las veinticuatro horas del día y Natšya sabía que ninguna persona genuina podía estar feliz todo el tiempo. Hubo una época en la cual había dudado de sus padres. Una de las chicas de su clase le había comentado algunas cosas que se hablaban en su casa y la cabeza de la rubia comenzó a formular ideas. Hipótesis. Unió cabos, juntó piezas y ató cuerdas. Y todo encajaba. Y tal vez, si se animaba a investigar sólo un poco, encontraría la verdad. Sabría a ciencia cierta que su padre no era tan noble como se proclamaba a sí mismo y que en realidad todo su imperio estaba construido sobre cimientos débiles y turbios. Pero el miedo de tener razón la acobardó lo suficiente como para preferir ignorarlo todo. Se dejó la venda en los ojos y escogió no husmear.

Cuando el timbre sonó supo que Soleil había llegado. Le había hablado a Judith, una de las sirvientas más antiguas que tenía la casa de los Mirković y a quien Natšya llamaba como su segunda madre. La había cuidado desde que aprendió a caminar y recibía más amor y cariño de aquella mujer que de su propia madre. Judith se emocionó al oír que la chica había conseguido una amiga pero no dejó de advertirle que tuviera cuidado. Y la rubia lo sabía. No podía confiarse del todo teniendo los padres que tenía. Nunca se sabía quién era quién y en Dubrovnik pocas cosas eran claras. Sin embargo, no había podido evitar encariñarse con la castaña. Se llevaban de maravilla y Natšya sentía que por una vez tendría alguien con quien contar. Caminó hacia la puerta de entrada y la abrió esperando paciente que la chica cruzara la enorme reja de entrada que separaba su casa del resto del mundo. Agitó su mano en el aire a la distancia y cuando la chica llegó a su lado la abrazó con cariño. — Siento no haberte contestado el mensaje, mi teléfono está funcionando terrible. Me compraré uno nuevo la semana que viene. Ven, pasa —la invitó a pasar y se hizo a un lado para que pudiera entrar y así cerrar la puerta a sus espaldas—. Ella es Judith, es una de las empleadas de casa pero ya es parte de la familia también —presentó a las dos mujeres con una sonrisa amable y una vez que se saludaron señaló el camino frente a ellas. La casa era enorme y no quería que la chica fuera a perderse—. Podemos quedarnos aquí en la sala o ir a mi habitación si quieres. Mis padres no están, han ido a una fiesta política de no-se-qué así que tenemos la casa para nosotras —anunció divertida. Estaba emocionada, el día que tenían por delante prometía bastante y esperaba poder pasárselo bien.
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Re: Never trust a pretty girl. ➳ Natšya E. Mirković

Mensaje por Soleil C. LeBlanc el Miér Mar 04, 2015 6:25 pm

Levanté la mirada y una genuina sonrisa se amplió en mi rostro. Aunque Nat era realmente trabajo no la pasaba mal a su lado, es más, hasta podría decir que si no tendríamos este problema en medio hasta podíamos llevaros espectacular. Pero no era lo debido. Mi trabajo hoy era lo suficientemente claro como para no lograrlo, las cosas las lograba con tiempo pero siempre con precisión. El caso del político Mircović estaba llenando mis bolsillos de dinero tanto por la cantidad de días mínimos requeridos, su imagen conocida y mucho más al peligro que llevaba lo que hacía. La rubia era la primer persona a quién me acercaba de esta forma que hasta me daba pena hacerle lo que debía y tenía que hacer sino defraudaría a muchas personas y me costaría grandes cosas, más que nada la extorsión que recibía de un vendedor anónimo con posibles informes sobre el caso que obligaba a mi padre a estar en la estúpida prisión sin siquiera ser parte activo del crimen. Suspiré y seguí caminando, debía calmarme, debía controlar mis emociones y ser feliz. El gran jardín de la familia era realmente espléndido, tenía una extensión considerable y respetable además de lo bien cuidado que estaba, parecía salida de algunas películas nuevas en donde la zona verde era lo esencial y demostraba lo que era cierto, la estabilidad económica que tenía la familia. En verdad esa calificación no erraba, estaba segura que podrían llenar toda la sala de visitas con el dinero que obtenían en blanco de todo el año, ni siquiera imaginemos en negro. Estaba consciente que mi rostro estaba en los registros, en las cámaras y en el libro de entrada, pero vamos, todo se podía burlar con una simples teclas y la tecnología necesaria que ¡Vaya! Yo tenía, ¿qué casualidad, no? Por eso era una persona bastante codiciada en el ambiente, al menos la fama aumentaba con el paso del tiempo y los expedientes enviados, por eso tenía la picardía de ser exigente con lo que recibía y con cuantos ceros se rellenaba el choque final.

Y me abrazó. Por mis pensamientos tardé al menos unos segundos en devolverle el mismo que seguramente pasarían inapercibidos, debía desconectarme un poco del trabajo, lastimosamente había pasado de la línea de la pasión convirtiéndose en casi una obsesión. Y como todas las adicciones, nunca esta bueno tenerlas y es muy difícil evitarlas.- No te preocupes Nat, esta todo bien. Por suerte llegó, no quería venir sin ni siquiera dar señales de vida antes. -Comenté con cierta diversión y pequeñas risas. Siempre sucede, las amigas llegan muy tarde o muy temprano y nunca lo sabes, hasta incluso te molesta el hecho de que lleguen, tal vez, en un mal momento. Fui adolescente, -como todos, ¡dah!- y he tenido amigas, verdaderamente esas cosas pasan siempre. Crucé el umbral y recién cuando lo dijo observé a la señora, la cual ya la había identificado.- Buenas tardes, señora. -Judith, antigua empleada a cargo de los cuidados de Natšya, estaba consciente que debía tener su aprobación antes que la de sus padres -a los cuales jamás conocería.-Pues.. -También había estudiado los planes de la casa, toda una profesional, ¿no? El plan de hoy sería más difícil que el de las últimas semanas, debía llegar hasta la sala de su padre, encontrar su computadora base e instalarle un software para poder ingresar desde mi notbook particular, ¿Toda una magia, no? La nueva tecnología y los nuevos conocimientos nos ayudaban demasiado, lo controlaba desde la comodidad de mi casa y lo desinstalaba cuando quería. Solo esperaba que el software base lo acepte. Llevaba unos minutos que debía escabullirme de cualquier forma y evitar que me encuentren, o tener un plan B que arregle todo. Si todo lo que había recopilado estaba bien, la sala estaba arriba -evitando así cualquier típica escena de películas- en el pasillo contrario a la habitación de su hija, quién se mantendría alejada de todo su ambiente, información correcta hasta el momento, lo confirmé cuando nombro dónde estaban sus padres y con tan poco interés que ni siquiera pudo recordar el nombre del acto. Seguramente serían presencias.- A donde quieras. -Comenté entre risas mientras encogía los hombros y esbozaba una gran sonrisa.- He visto la reseña de la película Fury, ¿La has visto? Esta genial por lo que vi en el trailer, no estaría mala idea, ¿qué dices? Traje suficientes dulces para todo el film. -Levanté la bolsa que llevaba y se la acerqué, se podía notar que estaba repleta de chocolates y algunos snacks. Debía llamar la atención lo menos posible, y sí estaba improvisando.
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Re: Never trust a pretty girl. ➳ Natšya E. Mirković

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