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My car is in the front yard and i'm sleeping with my clothes on [Leo K. Hietala ]

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My car is in the front yard and i'm sleeping with my clothes on [Leo K. Hietala ]

Mensaje por Elizabeth I. Lavrov el Jue Feb 26, 2015 10:16 pm

Salude a mi hermana con un pequeño beso en su mejilla izquierda y miré por el retrovisor mientras se alejaba en dirección hacia su universidad.  Habíamos pasado todo la mañana poniéndonos al día sobre nuestras vidas ; podía confirmar con cada frase que esa muchacha ocupaba gran parte de mi corazón. Verdaderamente era un orgullo para toda la familia que ella tomase riendas de su vida y se dedicara a estudiar. Al principio había sido duro... pero ella sabía la diferencia de lo bueno y lo malo. No era menos que lo que esperábamos para cualquier miembro de la familia Lavrov.  La perfección había estado inculcada desde nuestro nacimientos. Posiblemente esa era la causas por la que no eramos demasiado católicos. No existía siquiera la probabilidad de pensar que había un ser superior o mejor. Espere a que la castaña, sangre de mi sangre, ingresara por las puertas de la institución y di marcha atrás para poder salir de las estrechas calles. Pesé a que el lugar era de fiar, en esa pequeña ciudad nadie estaba del todo seguro. Frente a mí en la guantera tenía una gran lista de tareas durante el resto del día. Definitivamente amaba aquellos días en los que no debía lucir esos apretados trajes y tener que soportar a un gran cumulo de ministros incompetentes. Los conjuntos deportivos estaban en la lista del "sí". Allí, con el diminuto papel, escrito con dificultad por mi pequeño hija, indicaba que mi próxima parada debía ser un supermercado : "Comprar cereales, los de chocolate. O los de colores. O ambos. Aunque el chocolate me gusta más. Y ya no hay más leche". Inevitablemente embocé una gran sonrisa en mi rostro  ¿Cómo era posible con una personita tan diminuta me irradiara el día solo con su caligrafía? y así, invadida de ternura, comencé a darle marcha al auto.

Mi buen humor no duro demasiado en cuanto ingrese con el automóvil por la calle principal. Durante el fin de semana el lugar estaría lleno de turistas, por obra y gracia de los carnavales que habíamos acordado organizar.  Había sujetos desorientados por donde mirara. Recargue mi cabeza sobre uno de mis brazos y deje escapar un gran soplido en forma de resignación. Sería una mañana muy larga si no me predisponía a tener paciencia.
Lleve una de mis manos hacia la consola y subí el volumen de la radio. Ed Sheeran deleitaba mis oídos y se convertía en una gran compañía momentánea.  Siempre llevaba conmigo un que otro aperitivo en el bolso en caso de emergencia. En un principio había tomado la recomendación de mi esposo como algo extremo, sin embargo, a medida que comencé a movilizarme por mis propios medios había entiendo su punto. Urge hasta topar mi mano con una pequeña barra de cereal y la apoye en la comisura de mis labios.
Frente a mi ojos un colectivo ruso comenzo a retroceder, lo suficiente como para estar pegado a mí. Me alarme de manera instantánea y toqué la bocina en forma de advertencia.  — Maldita sea... ¿Qué es lo que está haciendo? — Musité para mi misma, un tanto enfadada y comencé a retroceder para evitar una futura desgracia. Fue entonces cuando una figura masculino se atrevo en mi retrovisor y tuve que colocar el freno de mano, provocando un pequeño impacto entre mi cabeza y el volante. Deje escapar un grito, enfurecida por la situación ¿Qué le pasa a la gente de está ciudad?

Descendí del auto, percatándome de que un pequeño hilo de sangre comenzaba a deslizarse por mi mejilla. Lo único que me faltaba, morir desangrada por un estúpido colectivero. Me acerqué al transporte para dejar un pequeño golpe casi inaudible para el copiloto en su parte trasera y caminé en dirección hacia el muchacho que casi fue atropellado por mí.— ¿Estás bien? Lo siento mucho, hay muchísimo tráfico...  — Murmuré calmadamente mientras me agachaba para alcanzar el bastón que había caído a un costado de la calle. Madre mía... no solo atropello a alguien, sino que a un ciego.
No fue hasta que lo miré nuevamente que descubrí de quien se trataba. Ese rostro era más que familiar.  Su tio debía una gran suma de dinero a mis padre.. prácticamente era un estafa que estaba siendo procesada en orden judiciales. Arquee una de mis cejas, ahora mucho más molesta conmigo porque había tenido la oportunidad de atropellarlo por accidente y siquiera lo había conseguido. Tomé su mano bruscamente y la apoye sobre mi hombro, para poder dirigirlo hacia la acera. — Quizá no lo lamente tanto... — Agregué de mala manera mientras dejaba mis ojos en blanco.


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Re: My car is in the front yard and i'm sleeping with my clothes on [Leo K. Hietala ]

Mensaje por Invitado el Vie Feb 27, 2015 12:14 am

Fin de semana. Clases esporádicas en la Universidad de Música. Recuperaciones.

La música así como la escritura era lo que me llevaban a no morir de depresión tumbado en la cama. Al principio, el primer mes fué duro, estaba confundido, no entendía nada pero tuve que sobrevivir solo para poder salir adelante y seguir pagando el alquiler. En dos semanas intensas para saber como manejarme siendo ciego junto con todo lo que aprendía y las sesiones con la psicóloga y la doctora, hicieron que poco a poco todo fuese mejor y hoy era el día en que había regresado a la facultad después de mucho tiempo sin poder ir a causa de citas en el médico y demás parafernalias. Aquel primer día de clase fué intenso, muchos saludos, notaba como algunos alumnos se apartaban cuando pasaba con el maldito bastón que parecía gritar a los cuatro vientos lo "invalido" que estaba. Nos explicaron en el centro para aprender a "ser ciego", que la gente tendía a llamar de manera despectiva "cegatos, minusvalidos, discapacitados" y que según la ley no se cual los discapacitados del mundo al parecer quisieron que se pusiese como nombre o se les llamase algo así como "personas con diversidad funcional". Sinceramente, aunque esa palabra sonaba más bonita, dudaba que la gente la usase siendo tan larga, aunque la prefería. Suspiré andando por los pasillos bajo las gafas de sol, hoy tocaba solfeo 8 y sonatas, así como música clásica III. eso al menos en la mañana. Por la tarde era todo más práctico, pero no sabía como leería las notas sin partituras. Por suerte un compañero de clase,el cual me apreciaba, hizo por ayudarme a aprender las melodías de memoria. Aprender a memorizar y así de paso dar clases como otro cualquiera, era algo que me habían indicado en la Asociación de la que formaba por lo que todo poco a poco iba funcionando, aunque perdido, siempre perdido. Dos meses era demasiado poco tiempo para aceptarlo todo de manera rápida y sin si quiera tener un tiempo de luto decente hacia la vista. Cuando por fin llegué a una de las aulas, escuché los pasos de alguien que se acercaban hacia donde estaba y se puso a mi lado de manera solemne, puesto que su silencio solo hacía que los sonidos exteriores aumentasen y el ambiente incómodo fuera el que bailase entre ambos.

-No hay clase, ni mañana-dijo la voz suave de la chica, al parecer debía cursar cuarto conmigo, pero nunca antes me había fijado en su voz o al menos no era lo que me importaba. Ella poco después dió un par de pasos pero paró-Hay carnavales afuera, deberías ver...digo...eso, hay carnavales fuera!!-dijo ella animada para salir de allí corriendo como una quinceañera. La música se escuchaba desde el interior de la facultad, aunque antes también sonaba, mis oídos se habían vuelto selectivos al parecer porque aunque sabía de su existencia por la mañana a causa del bullicio para llegar a la facultad, así como los gritos de los niños y esa música ensordecedora pero agradable melodía de las bandas de música, no me había percatado hasta el momento de los carnavales y la misma festividad en sí. Tomé fuerte el bastón y me acerqué al ventanal para tocar dicho vidreo, aprovechando que no había ruidos en el interior cerré los ojos bajo las gafas de sol y noté el pequeño y rítmico latir de los cristales bailando al compás de la música exterior, como si siguiera la melodía del viento y de las canciones lejanas. Sonreí levemente, proque aunque todos daban música en ésta aula, creo que sería el único que estaría más concentrado en unas vidrieras que en la propia música del exterior. Esos detalles, minúsculos, eran los que valían la pena de no ver. Detalles, imperceptibles al ojo humano y que se comunicaban a su modo.

Aparté lentamente la mano de aquel cristal y lo puse sobre el bastón que esperaba impaciente por ser usado. Lo tomé y lo hice sonar por el suelo con ese peculiar sonidito a una pequeña apisonadora que rueda y rueda, tenía una especie de bolita de plástico duro que rodaba por todos los sitios y se adaptaba a cualquier pavimento. Bajé las escaleras tomado de la barandilla, si no recordaba mal eran veinte con cada parada hasta que llegué al suelo, a la planta baja. Recorrí el gran pasillo que daba a las puertas automáticas hasta que llegué al exterior, durante el trayecto no se habían escuchado a penas voces, solo las risas pertinentes de algunas chicas de años anteriores. Cuando el aire me dió en todo el rostro, el frío se puso en mi cuerpo y sentí esa sensación de estar en mi originaria Finlandia. La música sonaba, panderetas, niños corriendo por los jardines y sus padres gritándoles para que volviesen. El bastón paseó por sobre el césped, iba a irme a casa de una buena vez y descansar. Llegué a la acera y conforme me acercaba, el bullicio aumentaba,pitidos de coche, pitos, gente gritando, aplausos, todo aquello aunque alegre no me agradaba del todo. Entonces al escuchar a los de mi alrededor cruzar la calle, lo hice aunque a paso más apaciguado al resto, fué entonces cuando noté un golpe en un lateral que hizo que por poco cayese aunque noté un intenso dolor en el costado. Puse una mueca. Los coches y yo. Una maldición fijo.

Entonces escuché los pasos de alguien acercándose y me apoyé en el coche ya que no encontraba el maldito bastón, se me había caído con el golpe. Sus palabras hicieron que asintiese sin más ¿que demonios se decía en esos momentos? demasiado tiempo sin socializar.-Mi bastón-dije serio exigiéndolo. Al menos pedía disculpas, pero estaba harto y cabreado por todo. No podía ser que la gente fuese tan estúpida. Entonces de repente noté como posaba mi mano en su hombro guiándome hacia la acera y enarqué una ceja-¿Que haces? ¿Por que no lo lamentarías tanto?-pregunté. Esa tía era estúpida, aunque su voz me era familiar sin saber muy bien porque. Debería saber que los que no tenemos vista, el oído nos sobra. Aquello me dejó confuso y con curiosidad.
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Re: My car is in the front yard and i'm sleeping with my clothes on [Leo K. Hietala ]

Mensaje por Elizabeth I. Lavrov el Sáb Feb 28, 2015 12:48 am

Ya sé que es tu estúpido bastón, no estaba considerando ni por un momento robarlo. — Susurré entre dientes mientras avanzaba de a pequeños pasos para que el muchacho con ¿capacidades distintas? pudiera alcanzar la acera. Solo lo estaba haciendo por lo que se considerada moralmente correcto... si estuviera dándole libre albedrío a mi pensamiento su cabeza estaría aplastada como una hoja dentro de la impresora. Pesé que tenía todas las cartas a mi favor, no podía permitir que me vieran abusando de un ciego en el centro de mi propia ciudad, sería como carnada viva para los tiburones. Me limite a emitir una pequeña sonrisa, como si estuviese realmente a gusto con mi tarea de asistirlo, pero solo esperaba que sacara sus manos mugrosas de mi cuerpo. Aclaré mi voz una vez que sentí lo suficientemente pertinente que el joven se alejara y deje escapar un pequeño suspiro frente a su cuestionamiento. — Digamos que tu tio debería rendir sus dos riñones, su corazón y  tus testículos para pagar toda la de deuda que le debe a mi familia ¿Capisci?  — Murmuré en un tono mucho más prepotente y violento que el anterior.

Acomodé el cuello de la camiseta del joven, dejando salir a la luz mi instinto maternal y me retracte en el segundo que lo noté ¿Qué era lo que estaba haciendo? Deje escapar un pequeño bufido, algo molesta conmigo misma, mientras me alejaba unos pasos para observar mi automóvil. Afortunadamente el camión ya se había marchado y el frente estaba ileso. No obstante, en la parte del baúl había un gran rayón monumental que probablemente lo había causado él con ese bastón del demonio. Lo miré fijamente, enarqueando una de mis cejas ¿Como podía estar completamente segura de que era ciego y no lo había hecho a propósito. Ubique mis dedos frente a su rostro, cualquier persona con un sentido visual podia sentirlo como un abuso hacia el espacio personal. Movi bruscamente la mano de un lado a otro en busca de un estimulo y simplemente era inútil. Elizabeth, comportate. Llego a descubrir que no eres no un maldito ciego y juro que te mando a cortar a las dos manos para que te sientas más inútil aún. — Susurré lo suficientemente cerca de su oreja para que se convirtiera en una conversación unilateral y ningún chismoso que pasara  nuestro alrededor tuviera la oportunidad de husmear. El tiempo y la experiencia me habían otorgado el saber que Dubrovnik era prácticamente un pueblo tras muros... todo aquello que hablaras en voz alta sería filtrado, divulgado y utilizado en tu contra. Quizá esa era la principal razón por la que a mí a abuela le gustaba decir "Aquí escuchan hasta las paredes". Le brinde una sonrisa de cortesía a la anciana que pasaba lentamente frente a nosotros y la despedí con un pequeño movimiento de mis dedos. Alejate una vez, no hay nada que ver aquí.

Miré mi reloj de muñeca, coordinando mis pensamientos con aquello que debía hacer antes de ser interrumpida y puse mis ojos en blanco. Probablemente el supermercado cerraría si no llegaba en unos veinteminutos, lo que me daba un poco de ventanja si salia corriendo en dirección hacia la caja administradora para comprar algo de goma de mascar. Observe con recelo nuevamente a mi acompañante y noté que una de sus piernas estaba derramando sangre, al igual que mi frente. Lo único que faltaba era que ambos tuvieramos daños importantes en nuestro cuerpo. Podría demandarlo en ese preciso instante si no tuviese presente que un niño de cuatro años podría generar la segunda guerra nuclear si no le llevaba sus cereales favoritos y pasaba el resto de la tarde mirando con repetitividad la pelicula "Frozen". Dude entre decirle acerca de su pierna lesionada, vacile mientras miraba hacia ambos lados y apoye una de mis manos sobre mi frente... pero fue mucho más fuerte que yo, no soportaba ver el liquido rojo corriendo por la tela.— Ahi...justo en tu pierna. Tienes sangre ¿Te duele?  — Interrogue como si realmente me importara su sufriciento, aunque lo que más me interesaba de momento era que nadie pensara que yo habia sido la culpable en un cien por cien. — ¿Si o no? — Presioné mientras daba pequeños golpecitos con la punta de mi zapato en el pavimento.


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Re: My car is in the front yard and i'm sleeping with my clothes on [Leo K. Hietala ]

Mensaje por Invitado el Sáb Feb 28, 2015 12:55 pm

Ante sus palabras enarqué una ceja bajo las gafas de sol, ya se que no iba a robarmelo pero ¿no entendía que me sentía inseguro sin nada a lo que aferrarme? y esa chica no es que fuera muy de fiar. Su voz...no sabía de que me sonaba esa voz aunque me era demasiado conocida, pese a no conocerla en persona. Hasta hoy, obviamente. Cuando por fin nos alejamos del bullicio y por ende de la carretera donde circulaban los coches así como algunos disfrazados y espectadores, noté el aliento de la mujer en mi oído y sus palabras tan poco cordiales ¿quien demonios era?- ¿De que conoces a mi tío?-pregunté desafiante pese a su tono-Aunque te lo deba, NO es mi problema.-dije tajante ante sus palabras. No iba a cargar con la culpa de mi tío, que aunque lo apreciaba no esperaría esa chica que a cada momento, provocaba que esa ira que tenía acumulada por la serie de acontecimientos que habían pasado, aumentase conforme sus palabras proseguían en un vals del que no quería participar. Era un baile donde no estaba invitado y desde luego no quería acudir, aunque obviamente hablaría con mi tío. No quería más muertes y menos por el puto dinero de los demonios. Entonces, como si una luz se hubiese encendido en mi cabeza, caí en la cuenta de que podía ser la primera ministra, la había visto por Dubrovnik en el pasado, en la tele aparecía y coincidía con esa voz. Era un supuesto claro, pero me gustaba arriesgar, también podía equivocarme pero el ridículo me daba igual a estas alturas.-Ministra, no creo que sea de su agrado una denuncia mía hacia usted por golpear a un "pobre ciego",¿no?. Su imagen pública se dañaría y estoy seguro que no lo querría...-hablé tranquilo aunque amenazante. Me daba igual que fuera la más rica de toda la ciudad, podía joderla de alguna manera si encontraba como. Sonreí cínico y triunfante.

Otra vez un susurro acompañado por otra amenaza, ésa me molestó mucho más si cabe.-Calla esa maldita boca, zorra-le susurré a su oído también, en la calle todos éramos iguales y de ser ella la ministra, de estar en lo cierto y no equivocarme, podría coger mayor "manía" a mi familia, pero no quería que saliese en gloria de aquel encuentro como si fuese una simple víctima más de su repertorio. Pese a que escuchaba los coches pasar, las voces de la gente que caminaba alrededor así como esa mezcla de olores peculiar de la ciudad croata, pese a toda esa mezcla de sensaciones que se posaban en mi cuerpo y bailoteaban sobre mi ser, tenía ganas de pagar con ella todo el odio que tenía dentro y estaba encarcelado en una prisión en la cual no podía salir. Estaba encerrado y rugía por salir, aparté mis manos de ella como si estuviera contaminada, pero realmente no me gustaba su compañía. Era como si ya oliese quien no era bueno y quien sí, pero solo eran sospechas aunque ella misma se había delatado, ella misma había hablado cual arpía en medio de un banquete, lo malo es que no era su comida ni su víctima. La gente pasaba por nuestro alrededor ajenos a lo que pasaba, ignorantes de este enfrentamiento de susurros, de palabras silenciosas bajo amenazas nunca formuladas. "Perro ladrador, poco mordedor" pensé casi al instante. Si mis hermanos supieran de mi nueva situación ¿que harían? quería pensar que se preocuparían y de saberlo vendrían a verme aunque fuera pero no había dado señales de vida desde que me fuí, no podía esperar que ellos aparecieran de la nada, aunque en momentos como éste creía normal buscar en la familia lo que de aquí me alejaba. Maldije algo en finés y luego sonreí como si nada. Le había declarado la guerra, era un hecho.

Durante todo el tiempo notaba el pequeño latir de la pierna pero lo había ignorado aunque sentía como la sangre de ésta caía formando un pequeño río en el bosque de mi pierna. Entonces, cuando ella habló "preocupandose" por mi pierna, enarqué una ceja como haría si tuviera vista, porque algunos gestos se quedaron impregnados en la manera de ser a lo que sonreí de lado-¿A quien quieres engañar?-pregunté a la defensiva serio, era demasiado extraño que de repente se preocupara después de las palabras usadas anteriormente y por desgracia para ella no era de los que confiaba con el primero que pasa.-Me duele-respondí, aunque no me hacía demasiado daño, pero digamos que quería probar sus reacciones y de paso joderla si tenía algún plan esa mañana. ¿Malvado? un poco, pero como no tenía nada mejor que hacer digamos que no tenía prisa por volver a casa donde escucharía alguna película o practicaría con el braille y eso no me atraía demasiado, debía hacer por trasladar o comprarme algún piano de segunda mano o teclado, vivir sin ningún instrumento en casa me volvía un poco loco. Usar el de la universidad no me agradaba.

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Re: My car is in the front yard and i'm sleeping with my clothes on [Leo K. Hietala ]

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